Inquieto
Relato onírico
Photo by Umut Ozdemir
De la noche, la idea de ser mentira surgió lentamente; se arrastraba bajo la cama y, poco a poco, subió hacia mi techo. La contemplaba inerte por instantes, lenta en su mayoría. Mi estado mental permanecía sereno, taciturno; pasaba mis dedos por los rizos de mi cabello, simplemente contemplativo. Decidió bajar del techo y tomarme de los pies, que se tornaron helados.
—¿Eres tú quien llegó finalmente por mí?
Se mantuvo quieta en mi mente; dudé por eternidades si era ya una realidad.
Desperté en la sala, con los dedos sobre el teclado ya derretido. Las palabras ya no existían; el viento soplaba como huracán y se las llevó lejos, muy lejos. Intenté ponerme de pie sin éxito alguno; las fuerzas estaban ahí, pero parecían no tener efecto en mi cuerpo inerte. Mi peor pesadilla. Escuchaba el chillido del ventilador girando lentamente, translúcida como neblina, veía la imagen de algo conocido que no podía nombrar. Recordé mi habilidad desarrollada con la experiencia cotidiana.
—Aprieta tu mano.
Sorpresa inmediata: la mano de mi esposa me arrancó de aquella mentira nocturna.
—Amor, ¿estás bien?
No contesté; solo rodé mi cuerpo hacia ella entre las sábanas y las millones de mantas que presionaban los dedos de mis pies. Pude sentir su cercanía, su silencio y mi mente entró en reposo súbitamente. La cama no me dejó estar alerta un instante más; firmamos un contrato de silencio y la noche prosiguió.
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